Tribuna
LA ESCUELA EN LA ENCRUCIJADA
Guillermina
Tiramonti
ESPECIALISTA EN EDUCACION
DIRECTORA DE FLACSO
Después de una década y media de reformas educativas que se pretendían
bendecidas por el poder de la verdad y el conocimiento científico, la
educación sigue siendo una cuestión no resuelta y últimamente
escasamente ventilada en la esfera de la discusión pública. Se pone el
acento en una suma de déficit puntuales que si se atendieran
adecuadamente a través de más presupuesto, disciplinamiento de los
agentes y la debida preocupación de los padres, mejorarían
sustancialmente. Sin embargo, la problemática que enfrenta la escuela
tiene otra envergadura y un grado de complejidad que exige una mirada
más amplia y abarcativa.
Lo primero a decir es que la escuela es una producción institucional de
otro momento histórico y que por lo tanto, nació asociada a otras
circunstancias sociales, políticas y culturales.
La escuela es un producto de la Ilustración que se pensó a sí misma como
el vehículo de una cultura que tenía como soporte central la palabra
escrita.
Hoy la institución está inmersa en un mundo cultural hegemonizado por la
imagen y debe construir una propuesta pedagógica acorde con esta nueva
configuración.
Las nuevas tecnologías y la habitualidad de su uso por los jóvenes han
modificado los modos de aprender de las nuevas generaciones y estas
maneras de apropiarse del saber son todavía muy ajenas a las propuestas
escolares.
Hay una tendencia a acortar esta distancia a través de la incorporación
de tecnología informática que es insuficiente porque no se trata de
romper la barrera del acceso material a la computadora sino de cambiar
los modos de enseñar.
Corresponde señalar también que la escuela se pensó como portadora de
una propuesta cultural o de un paquete "civilizatorio" que incluía una
serie de valores y creencias que hoy están en plena revisión.
Por ejemplo, la fe en el progreso indefinido de la humanidad a través de
la ciencia y del ascenso individual a partir del esfuerzo y la
postergación de las gratificaciones personales. Dentro de este paquete
está el tema de la ética del trabajo como estructuradora de un orden
social que suponía el pleno empleo y que hoy resulta ineficaz para
regular una sociedad que produce una población marginal que no tendrá
tal vez nunca ingreso al trabajo formal.
¿Y qué ha quedado de la fe en el progreso de la humanidad ante el
espectáculo de la ciencia al servicio de la guerra? ¿O del
desplazamiento de
la gratificación hacia el futuro en una sociedad de consumo que nos
impone la gratificación ya?
Se podría señalar también que la escuela estuvo asociada a la
construcción de una ciudadanía que encontraba como referente a un Estado
Nacional soberano que hoy no puede sostenerse en un mundo donde la
dominación imperial se muestra impúdicamente y donde la globalización
construye las identidades en una tensión entre lo local y lo global
donde se desdibuja el espacio intermedio de lo nacional.
Cómo no señalar que la escuela, fundamentalmente la escuela media, fue
pensada como una institución destinada a certificar el mérito personal y
por lo tanto marcar las diferencias y seleccionar, incluyendo a unos y
rechazando a otros. Toda la organización de la institución escolar, su
gramática de distribución del tiempo y del espacio está conformada al
servicio de esta función.
¿Como hace la escuela hoy para dar respuesta a las exigencias de
masificación manteniendo los mismos formatos y la misma organización que
fue creada justamente para retener a unos y desplazar a otros?
Si queremos una escuela secundaria para todos, como no puede ser de otro
modo si pretendemos incorporar al conjunto de los jóvenes al intercambio
social y cultural, debemos pensar una escuela que haga posible este
objetivo y para ello es necesario avanzar en respuestas a estos
problemas de fondo.
A pesar de lo dicho hasta aquí la escuela es hoy una institución de alta
relevancia social. Por una parte hay una des-institucionalización de la
trama social, con escasa o nula presencia de organizaciones o
instituciones que puedan servir de soporte para la canalización de las
aspiraciones, expectativas y vida social de las nuevas generaciones.
La escuela es identificada por importantes franjas de los niños y
jóvenes como el único espacio posible donde transcurrir una vida en
contacto con sus pares, del mismo modo la sociedad la piensa como un
lugar de integración y conformación del lazo social en una situación con
tendencias fuertes a la desintegración. Finalmente la escolarización de
niños y jóvenes sigue siendo el principal canal para la incorporación
cultural de la población.
Es inimaginable la vida de niños y jóvenes sin escuela, pero también
carece de toda lógica pensar que esta institución podrá adaptarse a
modificaciones tan radicales a través de meros ajustes técnicos. La
definición de una nueva institucionalidad escolar resultará seguramente
de un largo y complejo proceso mediado por una discusión pública
respecto de sus tendencias y posibles consecuencias.