Ricardo L. Ahualli

Recreación de los Valores


Es de lo más común que mi hijo Natalio irrumpa cuando estoy concentrado con algo. Normalmente viene con preguntas y esto puede ser debido a que, frecuentemente, le doy o le ayudo a buscar las respuestas. Da algún trabajo, pero vale la pena. El otro día la pregunta venía al caso porque, no hacía mucho, yo había estado compilando material sobre el tema en cuestión para el dictado de un curso donde participaban docentes de polimodal.

- Papi, ¿qué es ‘valor’? – preguntó. Como yo sabía que las acepciones son muchas, y me encontraba ocupado, agarré al vuelo una respuesta, rápida, para un chico de diez años. Le dije que valor era eso que él generaba dentro cuando cruzaba el pasillo a oscuras para llegar a su habitación, aún cuando tuviera miedo.

- Si, pero no, yo digo de los ‘valores que se pierden’ – respondió, a lo que yo puse mi mejor cara de no entender y, acto seguido, me explicó que en la escuela le habían hablado de esos valores. Entonces, puse cara de ‘ajá’ y, con algún pensamiento homicida hacia la maestra de mi hijo, me acomodé mejor y le pedí que trajera el diccionario grande. Ése es el enciclopédico, que pesa como cinco kilos, y que a él le encanta. Recorrimos al menos media docena de acepciones hasta que encontramos lo que él estaba buscando, le traduje la definición a un léxico más apropiado y puso cara de que no terminaba ahí la cosa.

- ¿Porqué se pierden los valores?- continuó, mientras yo suspiraba deseando que la maestra sintiera el ardor en las orejas. Me armé de paciencia y hablamos un rato largo sobre las calamidades de nuestro siglo, de nuestra sociedad y del hombre dentro de ella, por supuesto que en términos que él pudiera entender.

- ¡Bueno!, ¡alguien debería hacer algo para encontrarlos de nuevo! – dijo, mientras salía del escritorio.

El desplante me dejó desconcertado, no por el tono de indignación que había adoptado este enano decenario, sino por las palabras que había utilizado: ‘encontrarlos de nuevo’. No pude dejar de pensar que la recopilación que había realizado anteriormente, que era para un curso de Recreación Comunitaria, casi no relacionaba la generación de valores con la recreación.

‘Encontrarlos de nuevo’. No nuevamente, sino de nueva forma. Rehacerlos, recrearlos. Entre los que nos dedicamos a reflexionar y/o a actuar en torno a la Recreación y el Tiempo Libre no nos caben dudas de que la primera constituye un fenómeno transformador, mutante. Un verdadero catalizador. Ahora, bien, hay muchas cosas recreables. Se pueden recrear las personas y los grupos, los ámbitos. Se pueden recrear las actividades y tareas, hasta, incluso, la ideología que sustenta todo lo anterior. ¿Porqué no los valores?

Releí las definiciones del diccionario de cinco kilos. Diez acepciones, cuatro localismos y había aplicaciones para catorce disciplinas y media página sobre el tema desde la Economía Política y la Filosofía. Claro, no pude evitar encontrar nuevas asociaciones para cada acepción: Valor m. Cualidad o conjunto de cualidades que hacen que una persona o cosa sea apreciada. (¿cualidades o cuantidades?)•• Grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite. (¿y las descartables, qué?) •• Cualidad de las cosas, en virtud de la cual se da cierta suma de dinero u otra cosa equivalente para poseerlas (¿perdimos valores, los cambiamos o los vendimos?, además, valor también es algo que se cotiza en bolsa, así que ¿en qué extraña bolsa cotizan nuestros valores?) •• ... •• Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros; valentía (¿quedan valientes en estos tiempos?¿y qué sabe de la valentía un valiente de hoy?) •• Osadía, atrevimiento, desvergüenza (de esto último sí saben nuestros valientes políticos) •• Subsistencia y firmeza de algún acto (¡ahí sonaron muchos políticos!) •• Fuerza, actividad, eficacia o capacidad de las cosas para producir sus efectos. (¿por ejemplo, ese objeto que me regaló mi viejo, que para muchos no dice nada, insignificante, pero que forma parte de mi historia, y que al mirarlo o tenerlo entre las manos evoca para mí, sensaciones o sentimientos?),...

Me di cuenta entonces que el exabrupto de Natalio podía tener implicaciones ... o aplicaciones bastante profundas.

Los valores como fenómeno social

La teoría de los valores se la conoce con el término griego axiología . "Axios" en griego significa valioso, válido, digno. Proviene del verbo "ago" que quiere decir empujar arrastrar, llevar. Lo válido, lo valioso y por lo tanto "valor" se podría definir como "aquello que arrastra con su propio peso", aquello que vale en sí mismo y no en función de otra cosa.

Esto de "arrastrar" por su propio peso tiene gran importancia en las interacciones sociales. Por ejemplo, en la familia y en la escuela, donde a veces hay tan pocas cosas que "arrastran por su propio peso" y las cosas se hacen en función de lo otro, hay que empujarlo todo y, si el empuje se acaba, se instala pronto la parálisis. Es el caso demasiado frecuente de familias y escuelas rutinarias, aburridas y abúlicas. Sólo hay que imaginar este efecto a escalas más importantes, como por ejemplo instituciones nacionales, para darse una idea del alcance del fenómeno.

En distintos ámbitos sociales el tema de los valores aparece bajo un doble aspecto siendo también una doble exigencia: los valores ‘se viven’ y los valores ‘valen’, tienen fuerza. Podríamos decir un aspecto de encarnación y un aspecto energético.

El aspecto energético de los valores salta a la vista. Los valores no lo dejan a uno indiferente; sacuden, se imponen, empujan a la decisión y a la acción. El aspecto de encarnación, en cambio, se refiere a los valores plenamente cargados de esa energía, los que se han ‘hecho carne y sangre’, esto es, los que han penetrado en el mismo estilo de vida de las personas. Se podría traducir esto de ‘hechos de carne y sangre’ recurriendo a la expresión ‘con toda el alma’, lo que significa con todo nuestro ser. Porque aquello que no es asumido con todo nuestro ser, no puede ser vivido en plenitud sino simplemente aceptado, soportado, sintiendo siempre en nuestro interior una tensión que no nos permite vivir en paz. Y, luego, por la contradicción que se produce, resulta en parte resistido y trabado. Es evidente que no puede ser fuente de energía. Cuando no se asumen completamente las problemáticas internas, nos sentimos pesados y así, trasladado a lo colectivo, es que vivimos culturas pesadas, religiosidades pesadas, escuelas pesadas, etc. Cuando los valores son asumidos sólo por conformismo social, o también por moda, difícilmente escapan a esta contradicción.

En relación con lo dicho hasta ahora quisiera llamar la atención sobre dos manifestaciones frecuentes en la actualidad. Por un lado se puede observar que hay muchas ideas y valores que, por así decir ‘flotan en el aire’, llenan las conversaciones privadas, los comentarios públicos, gozan de una aceptación general pero tienen dificultad para encarnarse. No pasan a la vida, no se hacen carne y sangre. Hasta podemos decir que no van mas allá de una cierta insistente y obsesiva enunciación. Si se habla, por ejemplo, del "diálogo", la gente no se vuelve más dialogal en su modo de ser. Años atrás se señalaba la "madurez", todo lo que no andaba bien se lo atribuía a la inmadurez, pero no resulta que de hablar sobre el tema, la gente se haya vuelto más madura. La insistencia suele producir saturación y un buen día ya nadie habla de ciertos valores.

Por otro lado, se puede observar un hecho paralelo al anterior: ya nadie quiere ser desencarnado, todos son partidarios de la vitalidad, enemigos de la abstracción, aunque la vitalidad no signifique mas que un mero apasionamiento o impulsividad, un dinamismo muy visible y externo, tendiente a lo espectacular y lo impactante. Pero esto es como una cañita voladora o la espuma, poco tiene que ver con las fuerzas calmas y constantes de una vida de verdad.

En fin, así como ocurre con muchos términos clave en nuestro riquísimo idioma, hay muchas acepciones de la palabra ‘valor’ y he presentado algunas de ellas. Pero lo esencial es que los valores son patrones que tienen que ver con las conductas éticas que los pueblos van construyendo con el paso del tiempo y constituyen el carácter de las cosas morales o materiales que son estimadas por un individuo o una comunidad. En resumen, un conjunto de ideas y creencias propias de una sociedad, que condicionan el comportamiento humano individual y el sistema de normas sociales.

Evidentemente la definición de valor no sólo tiene que ver con elementos concretos, se relaciona también con todo aquello que el hombre tiene de espiritual, con lo que el hombre tiene de hombre: la libertad, la creatividad, la emotividad, la memoria, el descubrir o reconocer a un ser superior a él mismo, el relacionarse comunitariamente, el formar una familia, el tener y asumir un lugar de pertenencia. Y todas estas cosas se reproducen de generación en generación. De modo que los valores son educables. Los valores se pueden educar y se puede educar en valores.

 

Evolución de los valores en nuestra cultura y educación

Ahora, ¿qué es eso de que los valores se pueden educar? Revisemos un poco de nuestra historia: Hacia 1940-1950 nuestros abuelos y bisabuelos que llegaron de otros países y también los nacidos aquí trataron de INCULCAR muchos valores que tenían que ver ni más ni menos que con las culturas de las cuales ellos venían, o estaban. Pero lógico, hoy en día el valor del trabajo que tenían esos abuelos no es el mismo, y podríamos mencionar otros como, familia, fidelidad, vida, educación, adultez, etc.

En la década del 60, hubo que MODELAR todo lo propuesto por los abuelos, porque justamente como lo indica la palabra los modelos eran otros, los Beatles, los hippies, el rock, la ‘falopa’, y las distintas revoluciones, como el Mayo Francés, que política y culturalmente seguían sacudiendo al mundo, hacían un replanteo y remodelamiento de los valores que los abuelos nos dejaron.

En los 70 tuvieron que CLARIFICAR, desde el sistema educativo, cuáles son los valores absolutos para el hombre y comprender que de acuerdo a la edad, la cultura, la familia, la religión, hay valores relativos.

A partir de la década del 80 y también en los 90, Se ha tratado de FACILITAR toda posibilidad de vivencia en el ámbito de los valores, teniendo en cuenta el individualismo creciente, fruto del naciente postmodernismo, que hizo que el hombre comenzara a concebir como valor el "si no es con vos, no te metas", el "mejor callate", el "yo hago la mía", y otras que han hecho del hombre un sujeto un poco más oscuro que le cuesta vivir en comunidad, compartir, ser solidario o estar al servicio de otros.

Sintetizando, INCULCAR, MODELAR, CLARIFICAR y FACILITAR son formas de enseñanza que fueron válidas y hoy debieran darse en forma integrada porque cada una de ellas necesita y requiere de la otra para enseñar los valores.

Ahora, bien, nótese que hablé de ‘Educación de Valores’ al referirme a un modelo centrado en formas de enseñanza. Estas, aparentemente, no han tenido en cuenta al actor. Esto es, que quizá se deben tener presente los valores que cada uno trae de su casa, o su lugar, estar atento a escuchar cuáles son sus códigos de convivencia y entonces ver de qué manera puedo yo ayudarlo a comprenderlos y si será apropiado que aprenda otros. No nos molesta ver a una aborigen en un documental de la National Geografic total o parcialmente desnuda realizar todos los quehaceres propios de su entorno y no se nos ocurre modificar eso. Pero sería inaceptable que, en plena ciudad, estemos algunos desnudos caminando por ahí. No es nuestra costumbre, pero sí nos vamos acostumbrando, por ejemplo, -y cada vez nos extrañamos menos- si alguno de nuestros estudiantes nos manifiesta que su familia no es ya la familia tipo de mi vieja, mi viejo, y mis hermanos, sino que él vive con su abuela y un tío.

Evidentemente el valor de la desnudez del cuerpo humano en una cultura y en la otra, o el concepto de familia como valor, en un ejemplo o en el otro, cambian de acuerdo a la cultura y al paso del tiempo.

Para que no nos asusten estos cambios, es importante que como educadores entendamos:

 

De las Normas y Actitudes a la Praxis de los Valores

En cualquier modelo educativo la educación debe tender a que las personas que vamos a educar deseen llegar a lo bueno, es decir, la libertad, la verdad, la justicia, la creatividad, la alegría, la solidaridad, etc. –valores- y todo aquello que se pueda proponer como un estilo de vida al cual libremente adhiramos, pretendiendo en esa búsqueda conjunta hacer posible lo bueno. Pero ¿cómo se expresan estos valores y desde dónde podemos abordar el tema entre nosotros, educadores y con los niños, jóvenes y adultos que vamos a educar?: los VALORES se expresan plasmados en ACTITUDES y tienen una expresión prescriptiva por medio de las NORMAS de conducta social, pautas de comportamiento, normas éticas.

A todo esto relacionado con lo normativo, uno puede llegar de distintas maneras, pero lo difícil, lo realmente difícil, es poder hacer síntesis en el campo de las actitudes creyendo muchas veces haber asumido las normas, pero descubriendo, muchas veces también, que no todo lo que se ha sabido o comprometido se ha vivido. En otras palabras, a uno le pueden haber inculcado y clarificado ciertas normas, le pueden haber modelado actitudes o le pueden haber facilitado toda posibilidad de vivencia en el ámbito de los valores y que éstos no se hayan encarnado. ¿Porqué?

Generalmente se piensa que son nuestros sentimientos y nuestras ideas los que determinan nuestro comportamiento. Por supuesto, nuestras ideas, sentimientos, creencias –alimentados por nuestros paradigmas- tienen ciertamente mucha influencia sobre nuestros comportamientos. Pero ocurre una suerte de praxis: o sea, a la inversa, que los comportamientos acaban afianzando determinadas ideas o generando sentimientos, esto es, que nuestras actitudes tienen influencia sobre nuestras ideas y nuestros sentimientos.

Cuando, como seres humanos, nos comprometemos a dedicar nuestra atención, nuestro tiempo, nuestro esfuerzo y demás recursos a alguien o a algo, con el tiempo vamos desarrollando sentimientos hacia el objeto de nuestra atención. Los psicólogos dicen que "catectizamos" el objeto de nuestra atención, en otras palabras, nos apegamos a él, nos quedamos enganchados. Esto explica por qué los niños adoptivos son tan queridos como los naturales, y por qué nos apegamos tanto al perro, a la jardinería, a algunas bebidas, al coche, al fútbol y a todas las demás cosas que nos ocupan bastante la vida. Nos apegamos a todo aquello a lo que prestamos atención, a lo que dedicamos tiempo, a lo que servimos. Esto explica también por qué ahora me cae bien un compañero de cooperadora escolar donde soy voluntario. A primera vista pensé que era el fulano más intransigente que había visto en mi vida, pero, con el paso del tiempo, y debido a que no tuve más remedio que trabajar con él, empecé a apreciarlo. Esto nos enseña también que si alguien no nos gusta, y además le tratamos mal, terminaremos detestándolo cada vez más.

De acuerdo con todo esto, si yo tuviera el compromiso de amar a los demás y dar lo mejor de mí mismo por ellos, y si actuara en consecuencia con ese compromiso, con el tiempo se me habrían creado sentimientos positivos hacia esa gente. Casi podríamos decir que es más fácil traducir nuestras acciones en sentimientos que traducir nuestros sentimientos en acciones. O, como decía Pascal, "quien no actúa como piensa termina pensando como actúa". A esto me refiero: ideas y sentimientos que derivan de los comportamientos.

Claro que es durísimo dar el primer paso. Obligarse uno mismo a tratar con aprecio y respeto a alguien que te disgusta, o comportarse de determinada manera con otros, es un esfuerzo terrible. No obstante, forzar y desarrollar los músculos emocionales tiene mucho que ver con forzar y desarrollar los músculos físicos, al principio es difícil, sin embargo, con disciplina y con un ejercicio adecuado, con la práctica, los músculos emocionales -como ocurre con los físicos- se desarrollan. Y es aquí cuando los valores se encarnan y adquieren un tamaño y una fuerza de la que no nos podemos hacer ni idea.

 

Educar en Valores y la Recreación de los Valores

Entre los que nos dedicamos a reflexionar y/o a actuar en torno a la Recreación y el Tiempo Libre tenemos en cuenta que la Recreación puede constituirse en una tarea educativa: desde una visión pedagógica –no didáctica- y desde el sistema educativo -no desde el punto de vista individual o personal- podemos definir la recreación como ‘Educación En Y Del (O Para) El Tiempo Libre’. Desde esa óptica sería un subsistema de la Educación No Formal, una alternativa dentro de éste.

Ahora, ¿alternativa para qué?: la respuesta reside en la intencionalidad, característica esencial en todo proceso educativo. Entonces ingresamos en el territorio de lo axiológico y lo antropológico: qué idea de hombre y con qué valores. Para la Recreación es la idea de un hombre libre y creativo que conquiste la Creatividad y la Libertad. Y es aquí donde la recreación es un ejercicio inequívoco y eficaz para educar en valores.

Si asumimos que la Recreación en el Tiempo Libre es una forma de educación, -esto, siempre y cuando se entienda a la Recreación como crear de nueva forma y al Tiempo Libre como libertad en el tiempo- encontraremos que los valores educables en esta modalidad son la Creatividad y la Libertad. Menuda cosa. Valores educables, ¿pero cómo?

El proceder de un educador que tenga en su mente y en su corazón un quehacer tan relacionado con la Creación y la Libertad, no es precisamente fácil. La labor a la que me refiero no debería inscribirse en simples procesos de enseñanza-aprendizaje, porque en la recreación en tiempo libre (y repito, entendidas la Recreación como crear de nueva forma y el Tiempo Libre como libertad en el tiempo...) la creación y la libertad no pueden enseñarse. Pueden animarse, pueden facilitarse, pero no pueden enseñarse. Así que un proceso de enseñanza-aprendizaje por la Recreación y en Tiempo Libre sería una falacia, porque la tarea de re-hacerse en libertad propone otro modelo: es un modelo de Animación, Facilitación, Apropiación y Multiplicación, no de enseñanza formal, y tal modelo requiere de un especializado perfil.

Para este perfil, no creo que exista un ‘Recreador’ (para la tarea de recrearme nadie puede hacerlo por mí), como no creo que exista un ‘Liberador’ (en las tareas para, en o del Tiempo Libre sólo yo puedo liberarme). Habrá, en el mejor de los casos, alguien que anime y que facilite la apropiación y la multiplicación, que haga, más que transferencia de un pensar, actuar y sentir, una transferencia de poder, esto es, una acción educativa y multiplicadora donde lo más importante sea la persona que aprende, donde esta persona sea el protagonista.

Análogamente, para la educación en cualquier valor se necesita de alguien que pueda ir acompañando un proceso consistente en animar a otro a asumir una idea (un valor) facilitar su práctica y ayudar a su apropiación. La apropiación aquí no es otra cosa que la encarnación de la que hablaba en un principio. Si la encarnación de los valores se plantea desde esta perspectiva, no se puede ver sino como una penetración de los mismos que proceden desde afuera hacia dentro y viceversa. Algo que primero atrae y que luego se vivencia, en la vida de la persona toda, en su sentir profundo.

La encarnación sería, por lo tanto, resultado de un esfuerzo progresivo de imprimir y expresar, algo que parte del pensar, donde estoy de acuerdo y conozco lo que acuerdo, para practicar esto hasta tomar un hábito y después sentirlo como estilo de vida, para, finalmente, multiplicarlo. Este esfuerzo insistente y laborioso, de encarnar los valores transforma plenamente la vida de la gente, es decir, su pensar, hacer y sentir.

Animación

Adscripción

Conocimiento

Facilitación

Práctica

Habito

Apropiación

Encarnación

Multiplicación

Transferencia

El último cuadro muestra a los actores de esa tarea, en su respectivo rol, donde se trata de un proceso que va de la Adscripción a Normas, y de éstas a la Encarnación de Valores, traducidos en la adopción de un Estilo de Vida.

EDUCADOR

EDUCANDO

MEDIOS

PROPOSITOS

Animación

Adscripción

Normas

Conocimiento

Facilitación

Práctica

Actitudes

Habito

Apropiación

Encarnación

Valores

Multiplicación

Transferencia

Poder

No puede imaginarse una tarea más recreativa que ésta de hacerse (o rehacerse) de valores. La libre adscripción a una idea, la disponibilidad para ello, la práctica de lo nuevo en uno mismo ... y el placer que producen los resultados, que van realimentando el ejercicio.

Como tarea puede ser edificante y prometedora, pero me pregunto qué pasará si los valores en los que intentamos educar no son una realidad encarnada en los educadores. ¿Cómo multiplicar, cómo consumar la transferencia del poder necesario para ‘recrearse’ si, digamos, no empezamos por casa?

Me cuestiono también si dará resultado un ‘programa’ recreativo que no esté basado en valores.

En fin, los Valores pueden perderse, las razones por las que sucede no son tema de este ensayo, pero sí lo es la recreación de aquellos. Es una propuesta. Una punta de lanza para los audaces que deseen reencontrar los ‘valores perdidos’.

¿Habrá alguien con valor por ahí? Por lo menos, para decirle a mi hijo que hay algunos que podrían hacer algo al respecto.

 

Bibliografía

AHUALLI, Ricardo L., "Rol del Tiempo Libre en el Contexto Actual". Anuario 2000, Foro Permanente de Tiempo Libre y Recreación, Montevideo, 2000.

HUNTER, James, "La Paradoja", Ediciones Urano, Barcelona, 1999.

KOMAR, Emilio, "Valores de la persona y técnicas educativas. Encarnación de los valores", Ed. Docencia.

SCOUTS DE ARGENTINA, Dirección Nacional de Formación, "Valores en el Movimiento Scout", Formación Inicial - Documentos Básicos.

WAICHMAN, Pablo, "Tiempo Libre y Recreación, un desafío pedagógico", P.W., Bs.As., 1993.


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