Diversiones que hicieron historia.

Por: Karina Norma Giuliano

Trabajo que resultó con el 1er. premio en el concurso de la revista "Todo es historia" que en su festejo del 40º aniversario organizó el citado concurso con el nombre "¿Cómo nos entreteníamos?". Los trabajos fueron presentados con seudónimos.


Un reloj metafísico camina

rebobinando tiempos, y rescata

mi trompo zumbador, la fogarata,

los chantis, la biyarda saltarina.

O.M. Punzi (Frag, de" El emboque")

Vasto campo, el lúdico, ofrece entretenimientos tradicionales, que trascienden toda frontera generacional conservando su esencia; juegos de transmisión oral producto de la imaginación popular cuyos orígenes coinciden con el nacimiento de las sociedades y entretenimientos meramente comerciales, pasajeros que no dejarán huellas por resultar imposiciones externas divorciadas de la idiosincrasia del pueblo.

La disponibilidad de tiempo libre, la jornada laboral, el progreso de los recursos tecnológicos, la heterogeneidad social merced a la inmigración; el avance cultural, el despertar de nuevos intereses, todos factores que se ven reflejados en el modo que el hombre de determinada época encuentra para canalizar el ocio.

Así el hombre descubrió en los entretenimientos una forma de adaptación al medio, aprendizaje, sociabilidad y diversión, una expresión natural que trasciende el umbral anecdótico para revelar la idiosincrasia de un pueblo; pues la historia de los juguetes - y de los entretenimientos- es parte de la historia de la cultura del hombre desde sus primeras manifestaciones.

ETERNOS Y TRADICIONALES

Docta y desconocida casta, la de algunos; popular y curiosa, la de otros; especie de patrimonio histórico de la humanidad conservado en la memoria colectiva como preciado bien, los entretenimientos tradicionales parecen haber obtenido garantía de eternidad y, tal vez ésa sea razón suficiente para conferirles el primer lugar en el recuerdo...

Siempre están... alertas, latentes, aguardando el momento de despertar por alguna pregunta de un nieto curioso...o simplemente por la característica cíclica de los tiempos. Gambetean al progreso y conservan el misterio. Tan vigente es su presencia en la memoria colectiva que relevan al investigador de dedicar espacio a sus reglas y métodos de juego. ¿Quién no habrá hecho girar un trompo intentando develar la magia de su equilibrio, coincidiendo con los poetas romanos que se confesaban más aficionados al trompo que a los estudios? Ya lo citó Virgilio en su obra "Eneida", garantía de la antigüedad del juguete al cual le han atribuido mágicas simbologías.

Y si de trompos se trata, sabemos que los hubo de madera, de la buena y "de la otra"; los hubo pintados, lustrados, con las púas de diferentes tamaños; panzones y chatos; todo orientado al mejor rendimiento en la competencia para lo cual el hilo era un elemento fundamental. Destreza y habilidad sumadas a la imaginación infantil desplegaban desde batallas entre trompos en la vereda hasta mapas trazados especialmente para cumplir en cada lanzamiento.

Así, cuando "girando los recuerdos pasan" seguramente las bolitas o canicas dibujan nostálgicas sonrisas, pero... ¿A qué época pertenecen? Originarias de eras postneolíticas, ya fueron encontradas en tumbas infantiles de la zona del Nilo, y en el Buenos Aires de todos los tiempos los niños hurgaron los bolsillos empachados de bolitas y soldaditos de plomo en busca de la "lecherita", el "bolón", "ojito", con la ilusión de "hacer hoyo" o al menos "quemar" a otro competidor en el "Quema y Hoyo" de la cuadra.

Embocar, de eso se trataba el juego de bolitas. Y si de emboque se trata, imposible eludir el sonido del balero. Ni el más avezado jugador se aventuraría a sospechar siquiera la estirpe real del popular "balero". Sí, este juego que cautivó a la infancia porteña, nació en la Francia del Siglo XIV y fue en la corte de Enrique III donde acunó su destino atemporal, por supuesto bajo la afrancesada denominación de "bilboquet", entretenimiento favorito de los parisinos a partir del favoritismo de su monarca. Un siglo separó el nacimiento del juego de su verdadero reinado, y fue durante el dominio de Luis XV cuando configuró un símbolo de indiscutida elegancia a punto tal que los hubo de marfil, y acompañaron a importantes actores en los escenarios de París, donde recién en 1910 se impondría con técnicas modernas requirentes de academias de práctica y enseñanza con el fin de adquirir la destreza imprescindible para su manejo.

La modernidad trajo consigo figuras de variada complejidad tanto en el aspecto como en el dominio del instrumento. Conocimos la "copa", el "cubo", la "botella", el "molde de sombrero", el "guía de bicicleta", el "plumero", según la forma de la bola; y se entrenaba en el dominio de la vertical, la doble, la simple, la puñalada, la porteña, combinando metódicamente los movimientos de la esfera y del piolín antes de conseguir el objetivo final.

Continuando con el emboque, somñoliento y avejentado el afamado "sapo" asomará en el "fondo" de alguna casa rebelde a la modernización urbanística, comparando su resistencia y rusticidad con la estética fragilidad de sus sucesores ofrecidos en las jugueterías actuales. La elección del sapo dentro de los especímenes del reino, no es casualidad. Cuenta la leyenda, que los Incas acostumbraban arrojar elementos de oro en los lagos durante los días festivos con la esperanza que algún sapo- animal considerado mágico en la cultura incaica- la tomara convirtiéndose en un "sapo de oro" concediéndole un deseo a quien hubiera arrojado la pieza. Cuenta la historia, que un entretenimiento denominado "Le Tonneau" -barril- y posteriormente "La grenouille" -rana- atrapaba la atención de los concurrentes a los "guinguettes" – reductos que evolucionarían en los famosos cabarets - de las proximidades de París. Independientemente de su origen, este juego que recoge y sistematiza el primitivo instinto de "embocar" elementos en cavidades existentes, se difundió en nuestra ciudad bajo el nombre de "sapo" . Un entretenimiento democrático, si se permite el término, toda vez que desde el simple cajón con varios agujeros a los cuales se les adjudica puntuación acorde con la dificultad que presenta al tirador, hasta mesas que representan un sapo con su boca abierta en cuyo tablero se realizaban las cavidades para el emboque, congregaban a su alrededor espíritus ansiosos de diversión.

Si de entretenimientos democráticos se trata, ninguno más adecuado que el barrilete, cuya cuna pudo ser tan humilde como sofisticada. Las versiones más fundadas la atribuyen al General Chino Han Sin 200 años A.C. con el fin de notificar la llegada de refuerzos a una plaza sitiada. Portando en su currículum el título de Antecesor del pararrayos en manos de Benjamín Franklin, el barrilete acompañó en su diseño el paso del tiempo. Formas y colores guiadas por pinceles de piolín...y por el viento, matizan la tela celeste como expresión máxima de libertad. En algún tiempo, la confección del barrilete fue empresa infantil de gran importancia; desde procurase los materiales hasta elegir la combinación de colores implicaba un estudio "de mercado". Curiosamente, el avance tecnológico y la consecuente computarización de los entretenimientos, no ha podido desplazar al placer de remontar un barrilete experimentando la inigualable sensación de elevar cuerpo y alma prendidos a la cola de la cometa.

Al tiempo que autitos, trencitos, caballtitos de madera compartían con los descriptos el universo de los juguetes masculinos, los primeros años de las niñas las hallaban -ya desde la era prehistórica - acunando muñecas. Las primitivas, de madera, barro cocido, marfil o cera; posteriormente, en Alemania e Inglaterra, las fabricaron de porcelana; atribuyéndose al mérito greco-romano los ejemplares articulados.La sofisticación en el mercado de las muñecas y sus accesorios no tiene límites, desde aquéllas que hablan hasta las que caminan, todas atrapan la atención de las niñas de cualquier nacionalidad.

Universal y antiguo como las muñecas es el juego conocido entre nosotros como "Rayuela" cuya creación se atribuye a un monje español y simboliza el avance del alma desde la Tierra al cielo mediante el lanzamiento de un tejo ordenadamente sobre líneas dibujadas en el piso, numeradas, que representan estadíos intermedios en el tránsito al paraíso y alternan con el salto a la soga la ocupación del tiempo libre de las mujercitas de todas las épocas.

Hasta aquí hemos abordado el tratamiento de los entretenimientos tradicionales asociados fundamentalmente a la infancia que, como decíamos al comenzar la nota, tal vez merezcan el privilegio de ocupar la primera plana por su paradójica antiquísima vigencia. Permitámonos en esta instancia dar una vuelta de página para iniciar el tratamiento del entretenimiento nacional desde un punto de vista histórico-evolutivo y ya no limitado a la infancia, pues, como veremos, el hombre de todos los tiempos necesitó recrear su espíritu en cada período de su vida.

 

ARGENTINA INDÍGENA.

Los primitivos habitantes de estas tierras practicaban actividades placenteras que, amén de la función lúdica, preparaban a sus descendientes para la vida adulta, Persecución de chicharras, las escondidas, la mancha, el juego del silencio, no eran otra cosa más que diversiones que "entrenaban" al niño para la cacería- principal medio de vida- desarrollando la atención, percepción, agilidad y cautela. También lo era la Kapichua, conocida entre nosotros como "payana", practicada en aquellos tiempos. Los instrumentos para la diversión se fabricaban a partir de la naturaleza misma. Así los varones fabricaban pelotas con vejigas de animales rellenas de pasto, y palos, con corteza de árbol, para practicar un juego similar al hockey actual; utilizaban horquetas de los árboles unidas con una rama transversal que ataban con fibras vegetales de las cuales también hacían crines y colas para armar caballos. Las niñas por su parte cuidaban sus muñecas con rostro de barro fabricadas a partir de huesos de vaca y de ñandúes vestidos con pieles.

Mas la diversión no se limitaba a la infancia. Una actividad considerada antecesora indígena del boxeo conocida como Waranak, se practicaba en el Río de La Plata antes de la llegada de los españoles. Según las crónicas de la época, los participantes se apuñeteaban en la plaza bajo supervisión del árbitro denominado "nelokiak,", quien descalificaba a los participantes que se encarnizaban en la lucha hasta lograr que quedara un vencedor. Las carreras completan el panorama de entretenimientos disponibles junto con la natación, y distintos juegos de apuestas. Algunas de estas actividades eran privilegio masculino, pero en muchas de ellas las mujeres participaban en pié de igualdad. El favoritismo de los nativos se orientó a los juegos con pelota.

CONQUISTADORES SORPRENDIDOS.

Y entre esos juegos con pelota, no podía faltar el fútbol, deporte que existía en toda Europa hacia el siglo XV. En sus crónicas de la conquista, Guillermo Furlong da cuenta de una práctica similar en tierras rioplatenses: "...los indígenas jugaban al fútbol con excelentes pelotas de goma, sin comparación más perfectas que las de aire. Tenían campos a propósito, de anchura y largo señalado, con rayas equivalentes a las porterías (arcos), con asientos de piedra alrededor para los espectadores, y aún tribunas de honor donde los caciques y señores se acomodaban en dhuos o asientos preciosamente tallados." , coincidentemente, el misionero Jesuita Sánchez Labrador expone que en el Río de la Plata hacían pelotas de mangay "que es un árbol bello y su juego se practicaba con la cabeza y con el empeine de los piés". El mismo cronista dice que en la actual pampa argentina se practicaba un juego de pelota distinto: "Doce o más indios se ponen en círculo, todos desnudos sin hilo de ropa sobre sus cuerpos, y ésto aunque sea en el rigor del invierno. Uno toma la pelota y haciendo dar un bote, la echa por entre sus piernas a las espaldas del que está a su lado; éste, al sentir el golpe en sus costillas, se revuelve con gran ligereza, y tomando la pelota de rebote la hace pasar entre sus piernas (autoguacha) y la arroja a las espaldas del otro como lo hizo el primero…Si alguno no fue pronto en revolverse y recibir el bote pierde su juego. Este juego apenas se puede comprender, por lo raro, sino viéndolo."

El dominio de la pelota sedujo a Bernabé de Garay, en 1661, quien al poner de manifiesto su preferencia nos permite conocer otras actividades lúdicas de la época: "reservando el juego de la pelota para mi diversión y por agilizar el cuerpo...renunciaba a los siguientes juegos: cuarto, sanga, quinquenio, pinta, paro, sacanete, primera, quince, quinielas, veintiuna, pechingona, tururo u otros de cartas. También renunciaba al ajedrez, damas, tablas reales, dados, gagao, pesadiez, taba, perinola, bolos, etc. Muchos términos que hoy resultan ajenos a nuestro vocabulario y designaban entretenimientos de aquella época. La pelota había iniciado su proceso de seducción hacia el hombre, cuyo destino alcanzaría eterno idilio.

BUENOS AIRES EUROPEIZADA.

Buenos Aires está lejos de Europa... pero intima con ella, antigua costumbre. Ya el despuntar del siglo XVII vio a la ciudad colonial rendirse a la seducción de los entretenimientos desembarcados desde el Viejo Continente al tiempo que los autóctonos hallaban refugio en los reductos sociales más bajos, con destino incierto.

Tal vez, un pionero en la inmigración de entretenimientos, fue el conocido con el nombre de Taba- astrágalo para los griegos-, denominación del hueso de la pata de vaca u oveja -generalmente montado en metal para brindarle mayor peso y conservar la forma -con que se juega. Con gran destreza el jugador debía arrojarlo traspasando una línea e intentando hacerlo caer con el lado cóncavo hacia arriba. No tardaron en comenzar las apuestas alrededor del juego y su consecuente prohibición. Así lo revela un documento del 20 de agosto de 1639 en el cual el vecino Gaspar de Salinas se comprometió en Córdoba frente a Escribano Público, a "no jugar dicho juego ni otros muchos por los inconvenientes que se le ofrecen". .

Las carreras de sortija y el juego de pato eran consideradas actividades propias de gente baja. En oportunidad de la beatificación del fundador de la Compañía de Jesús, se inició la práctica de lo que llegaría a ser deporte nacional: el pato. Según Fray Pedro Lozan: " entre los vistosos números del festejo corrieron también allí algunos patos, causando admiración a todos ver, así a los jinetes como a los caballos que corrían con gran incomodidad"

Las fiestas de carácter público celebradas en homenaje a las autoridades o fecha religiosa, congregaban a las clases acomodadas y ofrecían juego de cañas con enfrentamiento de escuadrillas a caballo protegidas con ardagas, carrera de sortijas, encuentro de máscaras y corridas de toros. Da cuenta de ello el acta de la sesión del cabildo del 27 de julio de 1609 que estableció que se diera "aviso al obligado de las carnicerías que para el dicho día del patrón traigan los toros que se han de correr en la plaza pública" pues pese a que no existía en Buenos Aires una plaza destinada a corrida de toros -cuya construcción se autorizaría recién en 1790 en Monserrat-, la plaza existente se acondicionaba con cerco, gradas y palco para las autoridades. Especialmente se recuerda la corrida que don Higinio Casares regaló al Príncipe de Asturias en oportunidad de su cumpleaños el 14 de octubre de 1801, para la cual se construyó un ruedo con capacidad para 10 mil espectadores. Samuel Haigh recuerda : "La calle que conduce a la plaza estaba apiñada de gente calesa o a pié, y damas sentadas en los balcones... desde el Gobernador con su esposa hasta el gaucho y su mujer." Sin embargo, más alla de su connotación festiva, las corridas de toros no tuvieron acogida en la población de Buenos Aires.

Descender por la actual Corrientes hasta la playa del río constituía una buena opción para hallar divertimento, pues allí tenían lugar las denominadas "cuadreras", carreras de caballo que merecieron la crítica elogiosa de los extranjeros sorprendidos por la destreza de nuestros jinetes.

La pulpería configuraba un espacio de reunión de gente del campo, de clase baja, en el cual no solo podían adquirir comestibles, sino además beber vino y toda clase de bebida blanca. En invierno despachaban café en jarritos de lata con tapa y bombilla, que con la llegada de los primeros días estivales reemplazaban por sangría (vino carlón, agua y azúcar), vinagrada y naranjada.

El ocio colonial hallaba cabida en las siestas, tertulias, procesiones, riñas de gallos y novenas. ¿Cuál era el motivo de la gran participación de mujeres y de esclavos en las fiestas religiosas? Es consecuencia del régimen de reclusión al que la sociedad los sometía. Mientras a los esclavos no se les permitía, tampoco era bien vista la participación femenina en actividades sociales fuera del hogar; con excepción de las fiestas religiosas donde mujeres y hombres de toda condición racial y social participaban, generándose la casi exclusiva opción de intercambio para mujeres y esclavos.

Aunque hacia el 1810, las diversiones eran aún muy limitadas, una costumbre semanal de la alta sociedad era brindar una tertulia, reunión que - a fin de no alterar el orden doméstico- se desarrollaba entre las 20 y las 24, en la cual no faltaba la música, la conversación familiar entre mate y chocolates y, por supuesto, el baile. Iniciado casi indefectiblemente con el minuet, especialmente liso, a veces el figurado y raramente el de la Corte, luego el montonero, nacional o federal, vals, contradanza, colombiana, muy rara vez el antiguo paspié y rigodón. En ocasiones concurría la gente del pueblo a presenciar carreras de sortijas, a observar el baile de los negros- quienes los domingos y días festivos tocaban sus tambores hasta bien entrada la madrugada a punto tal de tener que intervenir la autoridad-o a pasear a pié por las quintas.

La siesta era casi una obligación. Las puertas de las casas se cerraban y las calles despobladas sólo eran testigos –como sostuvo el Dr. Brown en su crónica- de "la presencia de los perros y los médicos." La modernidad irá desplazando la costumbre de la ciudad a la campaña.

Ya para la época independentista, el esparcimiento público se centra en el Retiro y en el ruedo allí construído. Las riñas de gallo son habituales, junto a las puertas siempre hay un gallo de riña atado de la pata, no mereciendo las cuadreras menos atención. La situación política contagia la cultura de la diversión.

JUEGOS DE AZAR

La lotería continúa atrapando la atención del porteño. Hacia fines del siglo XVIII se enfatiza la misteriosa seducción la de los juegos de azar.

La invención de la lotería se atribuye al genovés Benedetto Gentile quien había transformado en juego la renovación de los integrantes del Concejo Municipal de la Ciudad , y fue reglamentada en España por Carlos III en 1763/76 mediante la creación de la Real Lotería, pero en el Río de la Plata, se le debe a don Mariano Moreno, quien alla por 1812 refrendó el decreto que la instituyó en esta tierra. Aunque el primer sorteo tuvo lugar el 3 de junio de ese año, no fue sino hasta 1816 que la ciudad tuvo su lotería organizada.

Para esa época y hasta 1821 aproximadamente, todos los martes a las 13 ,en la Plaza de la Victoria, se jugaba una lotería muy particular. El lotero -expendedor de billetes- se colocaba en la vereda con una mesa donde tenía los papeles rayados numerados denominados "cédulas". Quien adquiría una cédula debía anotar en el reverso una inscripción del tipo "San Antonio dame suerte" y contraseña estilo: "Alma de mi abuela". El valor de la cédula era de 10 centavos. A la hora señalada unos muchachos sacaban de globos rojos los números y andaluz - conocido como Clavijo- los anunciaba a viva voz. Luego se publicaban los extractos que contenían los 8 o 10 premios denominados "suertes" uno era de $ 300 y el resto de $ 100, de la siguiente manera: "San Antonio dame suerte" contraseña "Alma de mi abuela" con 300 pesos, número 247.

Otros juegos que combatían el ocio de los habitantes de esta zona eran los naipes, ajedrez, dados y billares. Raúl A. Molina, historiador que se ha ocupado del tema, cuenta que el billar o truques, tenía gran prestigio en Europa , considerado juego de aristócratas. Cuentan las crónicas que la esquina de las actuales Alsina y Bolívar fue el escenario elegido para la instalación de la primera casa de juegos de azar que funcionó en la ciudad, hecha construir por el Capitán Simón de Valdez, tesorero de la Real Hacienda.

Así las cosas, las apuestas serán una constante en la vida de Buenos Aires, tanto que se llegará a escribir : "La vida de los bonaerenses es, de día y de noche, en la plaza, en la bolsa o en el salón, una inacabable partida azarosa. Se juega con desenfreno en Palermo, en Belgrano,en el Círculo de Armas, en el Progreso, en el Jockey Club, en los garitos elegantes o populares. Es la República Argentina toda una vasta mesa de juego."

PROGRESAN Y PERDURAN

El teatro, había llegado a esta tierra con la conquista. La primera manifestación formal en este ámbito fue la construcción en la esquina de las actuales calles Perú y Alsina, de la "Casa de Comedias", popularmente denominada "Teatro de la Ranchería" que funcionaría durante nueve años., hasta su incendio como consecuencia de un cohete disparado desde la iglesia cercana en oportunidad de una festividad religiosa. "Siripo", de Manuel José de Lavardé, es la primera representación teatral de la cual se tienen datos concretos; y tuvo lugar en 1789. El Teatro Argentino, nacido como Coliseo Provisional – antecesor del Gran Coliseo, limitado a proyecto- albergó las obras del género hasta su demolición en 1872 manteniéndose estrechamente ligado a través de sus puestas en escena, a la vida política nacional. Una nueva sala dio a luz el período rosista; el Teatro de la Victoria. Si bien la primera etapa de la dramaturgia nacional se caracterizó por reflejar la realidad política, hacia 1852 con la construcción de nuevas salas, y el arribo de artistas extranjeros, se diversificó la temática convirtiéndose, el teatro, en un ámbito de satisfacción cultural y recreación de las clases elevadas de la sociedad. Así, la segunda década del siglo XIX encuentra al sainete popular en pleno ascenso, representado por cómicos españoles, cantores y bailarines .En los tabladillos se ofrecen piezas líricas, zarzuelas y obras del género chico de origen español que lentamente van adoptando tinte porteño para alcanzar el título de zarzuelismo criollo que más tarde evolucionará hacia el sainete, embrión del grotesco criollo, luego llegará la etapa del teatro independiente y del pueblo en la segunda década del siglo XX. Paralelamente, el drama gaucho se representa en el picadero.

Carpas trashumantes anunciaban la llegada del circo a Buenos Aires. Espectáculo popular, hallaba en la ciudad adhesión de gente de todas las edades y ya., hacia fines del siglo XIX, varios lugares destinados a él: el Circo Olímpico – en Esmeralda entre Charcas y Santa Fe-, el Politeama Humberto I- en Moreno y V.Cevallos-, el Jardín Florida – en Paraguay y Florida-. Los hermanos Podestá, Pepino el 88, la Cía. De los Hnos. Carlo, son hoy recuerdos de los primitivos espectáculos circenses que forjaron el género en el Río de la Plata. Desde su nacimiento, el género atravesaría diferentes etapas.

Albergue del ocio en aquella época fue ,sin dudas, el café. Buenos Aires encierra un concepto casi exclusivo de estos reductos a los cuales los porteños concurren a mucho más que a degustar bebidas. Thomas Turner diría: " los argentinos son imitadores por naturaleza. Si uno de ellos vio en París los magníficos y estratégicos bulevares de Haussmann no descansará hasta dotar a la ciudad con uno de ellos." Una de las imitaciones más exitosas, fueron sin dudas, los cafés parisinos que ya, José Antonio Wilde describía como "cafés montados a la europea". Los más lujosos y renombrados eran el Café de Marcos y el de la Victoria, seguidos por el de Catalanes, Martín, Santo Domingo que ofrecían a los concurrentes "café, té, chocolate, candial, horchata y algunas copitas. Servíase entonces el café con leche... en inmensas tazas que desbordaban hasta llenar el platillo; jamás se veía azúcar en azucarera; se servía una pequeña medida de lata llena de azúcar, generalmente no refinada; venía colocada en el centro del platillo y cubierta con la taza; el parroquiano daba vuelta a la taza, volcaba en ella el azúcar, y el mozo echaba el café y la leche hasta llenar la taza y el plato. Las tostadas con manteca, siempre traían azúcar por encima. El chocolate que se servía era, por lo general, bueno, acompañado, invariablemente, de su correspondiente vaso de agua."

Un tradicional café porteño, fundado por el francés Touan en Rivadavia y Esmeralda, trasladado luego a su actual ubicación al abrirse la Av. de Mayo, fue testigo de la evolución del ocio porteño desde 1858 hasta la actualidad. Podemos leer en los escritos de Eduardo Castilla: "Muchos centenares, muchos millares de personas de toda especie y categoría se sentaron a las mesas del Tortoni para degustar un pocillo de café, deleitarse con una copa de licor o saborear una leche merengada, verdadera especialidad de la casa...El espacio entre 1858 y 1970 cobijó a falanges de argentinos o de extranjeros presentes en la vida argentina; de alguna manera-activa o pasiva-actores de la vida nacional durante más de un siglo.

EL NUEVO SIGLO.

Entre 1895 y 1914, la cantidad de conventillos en la ciudad alcanzaba los 2500. La pobreza reducía los entretenimientos de sus habitantes al juego en el patio para los niños y las "tertulias" en la vereda, ocasionalmente matizada con la presencia del organillero, para los adultos. Refugio del humilde cansancio obrero, la cantina o boliche esperaba con cartas bien barajadas. Truco, mus, brisca o tutte cabrero, invitaban a la partida regada por el embriagador aroma del vino o de la caña. No fue casual la elección de aquellos divertimentos. Situación acuciante, pobreza, hacinamiento, escasez de puestos de trabajo y explotación obrera clamaban por una válvula de escape. " Cuando se dice truco se está nombrando el campo, la pulpería, el boliche, el comité pueblerino, y cualquier lugar sencillo donde la gente desea divertirse sin complicarse demasiado en ningún sentido..." Y el tango reflejando la realidad socioeconómica, la nostalgia del inmigrante, como un retrato del Buenos Aires de entonces.

Con más de 650.000 habitantes de diversos orígenes, como sostiene Leopoldo Marechal en su "Historia de la calle Corrientes", la arteria "empieza a ser escenario de un mundo nuevo que balbucea sus esperanzas: la inauguración de dos teatros importantes, el de la Opera y el Politeama Argentino, la inician en el culto de la noche, así como los cafés, hoteles y restaurantes que ya la señalan como la calle nocturna por excelencia, destinada, no sólo al tránsito febril, sino a la demora y al ociosos estacionamiento." Se propagan durante el cuarto de siglo siguiente los teatros, dancings, cines y cafés literarios. Corrientes se convirtió en "la calle sin sueño, la que no tiene reposo". Desfiles de carruajes anticipaban la función de gala de algún teatro a la sombra de cuyo desarrollo surgieron cafés "ouver la nuit" que convivían con los viejos espectáculos circenses de Frank Brown; el Royal Keller, punto elegante de reunión donde se realizaron las primeras peleas de boxeo. Hacia 1905 abren sus puertas el Apolo, Royal, Odeón, Argentino, San Martín. Nuevos tiempos traerán consigo al teatro de Revista, como el Maipo, Porteño, los Cafés con orquesta típica. El tango se abriría camino en las pistas del centro como el Petit Salón, Politeama, Rotisería Alemana, Harevindeguy, el Palais de Glacé, el Prado Español, el Tambito, Hansen, o el Quiosquito.

Con el nuevo siglo arriban los adelantos tecnológicos significativos que modificarían las costumbres recreativas de los argentinos.

Desde el Teatro Coliseo se inauguró, el 27 de agosto de 1920, el camino de la radiofonía argentina con la transmisión de la ópera "Parsifal" de Ricardo Wagner. Transmisiones de fútbol, radioteatros, tango y jazz sacudieron la modorra de una ciudad en transformación. ¿Quién no habrá escuchado hablar alguna vez del suceso radiofónico "Gran pensión El Campeonato".? Ésta, entre otras recordadas opciones de la programación radial. Y paralelamente al auge radial, las grabaciones musicales conforman un importante elemento de la industria cultural que dio origen a orquestas- como la Típica Víctor- integradas exclusivamente para actuar en radioemisoras a fin de grabar sus actuaciones.

Concebido como fotografía en movimiento, el desarrollo del cine mucho debe en sus comienzos a los músicos que traducían en su arte musical la intención del autor de la película en un intento de soslayar la mudez de sus actores. En cada barrio se fue instalando una sala dando origen al famoso "cine de barrio" tan típico como el "club". Luego llegaría el cine sonoro y los avances tecnológicos que no aún hoy sorprenden.

Y la sensación de tener el cine en casa al momento de inaugurarse las transmisiones televisivas.

Superada la crisis del treinta, la clase media accede a reductos hasta entonces exclusivos. Palermo renuncia a su estirpe aristocrática y tramita carnet popular; de ello da cuenta la descripción de un paseo dominguero extraída del "Glosario de la Farsa urbana", de Roberto Gaona: " Ha pasado la mañana: los fiambres y las masas del domingo han cumplido ya su grato destino, ha llegado el momento de volver a la calle.... Rumbo a Palermo otros mil coches van por la misma avenida, con mil familias iguales. Junto al lago ... detienen su marcha ... es una fiesta de descanso.

Las confiterías del centro – estratégicamente ubicadas a lo largo de Florida y Suipacha- abrieron sus puertas a la nueva clase .

En sentido contrario, el automovilismo, fuente recreativa popular para los porteños en la época del centenario, fue convirtiéndose hacia mediados de siglo, en divertimento exclusivo para una clase selecta, adinerada. Así lo explicó Oscar Galvez al ser reporteado por el diario La Prensa en 1967, refiriéndose a las carreras:" Son tan caras que ahora pasan a ser de ricos... Es para equipos. Ya no es para el "mangiagrasa" de antes que tenía un autito y corría..."

EN BUSCA DEL CLUB CRIOLLO

Distante del concepto actual de club, los exclusivos, anteriores a la batalla de Caseros fusionaban en su imagen reminiscencias coloniales con pinceladas europeas. El más antiguo conocido en Bs.As., es el Club de Residentes Extranjeros, fundado por la colonia inglesa el 24 de mayo de 1841.Reducto de súbditos británicos y comerciantes franceses, albergaba partidas de billar, cartas, ajedrez, dominó, lectura de diarios y copas. En el mismo camino, la elite liberal argentina fundó el 25 de mayo de 1852 el famoso Club del Progreso en cuyo seno germinó la semilla revolucionaria de 1880 y 1890 y en oposición al cual un grupo de disidentes formalizó el Club del Plata. Lejos de constituir espacios destinados a la recreación masiva- concepto con el que identificamos actualmente al club- éstos eran espacios socio-políticos exclusivos en los cuales nacían importantes proyectos para la vida nacional. Los clubes exclusivos constituyen un factor de cohesión garante de coincidencia en gustos y costumbres de vida.

La batalla de Caseros, en 1852, significó un punto de inflexión para este concepto. El Jockey Club – cuya primera sede estuvo ubicada en los altos de la Confitería "Del Águila", sobre la calle Florida- , y el Círculo de Armas se sumaron la lista de clubes exclusivos con una nota distintiva: ningún perfume colonial aromatizaba sus sedes en las cuales, al ingresar, se dudaba de estar en Buenos Aires o en Europa.

El proceso de transformación hacia el club criollo se inicia con la fundación del Buenos Aires Cricket Club, entidad anglo- argentina destinada a la práctica del fútbol, cricket y tenis que inauguró su campo deportivo en 1864. Desde principios de 1900 tuvo lugar el proceso de fundación de los clubes con concepto moderno, entidades que, en su mayoría, se desarrollarían en base a la práctica del fútbol hasta alcanzar inusitada representatividad de diferentes sectores sociales, confundiendo sus límites con los del barrio que los vio nacer , para llegar a considerar la pertenencia a uno de ellos un atributo más de la persona como el estado civil o la nacionalidad. Nacionalidad, otro factor en función del cual se organizaban entretenimientos en Buenos Aires. Palermo, Avellaneda, Villa Luro, fueron principales testigos de las Romerías Españolas anunciadas hasta en los carteles de los tranvías; la colectividad italiana tampoco escatimó en recursos para reunir y divertir a sus miembros.

Mas en Buenos Aires se desarrolló una institución pionera en la gestación de clubes, la esquina; cuya institucionalización deviene de los valores humanos que reúne para el porteño, para quien, una esquina, es mucho más que la intersección de dos calles.

LA ESQUINA

Génesis, tal vez, del tan porteño club de barrio, fue bautizada por audaz observador ,"club sin sede". Eran "barrios" en sí mismas; porque la supremacía dominial de su "barra de muchachos" indicaba sus límites, generando cotidianos enfrentamientos – muchas veces deportivos- entre barras de distintas esquinas del mismo barrio. Pelota, nombre y colores eran los tres elementos premonitorios de la fundación de algún "núcleo esquinero" con pretensiones de club de barrio cuyo futuro dependería de los avatares del destino de sus integrantes y de los vecinos cuya ayuda resultó fundamental al momento de concretar aquellos sueños de esquinas porteñas. Los afortunados vieron un día abrir las puertas de sus sedes por las cuales fútbol y básquet ingresaron como socios fundadores, reservando un espacio menor para actividades sociales y otros deportes.

Instituciones señeras de nuestro Buenos Aires actual deben su origen a una esquina.

SIGUE EL BAILE.

Los tiempos modernos presentan tecnologías orientadas a la organización mecanicista del entretenimiento; creatividad e imaginación sometidas por la industria de los juegos electrónicos y por la amplia gama de posibilidades que ofrece Internet, corren peligro de extinción. La tecnología avanza y reduce al hombre su espacio lúdico; cada vez necesita menos acción y menos interacción humana para divertirse. Entonces, cabe la pregunta ¿Estamos realmente frente a un progreso en el área de los entretenimientos? ... Esa respuesta, es otra historia.

Fin.


Bibliografía de consulta.

BARAMBILLA, Alberto Brasi: "Crónicas del extraño Buenos Aires", Ed. Tres tiempos, Bs. As. 1984.

CARRERA, Héctor Iñigo: "Los años 20" " La historia popular Nº 40. Centro Editor de América Latina, Bs.As. 1971.

CORDERO, Héctor Rodolfo: "El primitivo Buenos Aires", Ed. Plus Ultra, Bs.As. 1986.

DIARIO "La Razón" "Historia Viva"

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