Nota sobre Adolescencia - Revista Veintitres

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Educación

Sin prejuicios

Miradas. La adolescencia es la etapa más difícil de la vida. Distintas disciplinas proponen abandonar los estereotipos.
Miradas. La adolescencia es la etapa más difícil de la vida. Distintas disciplinas proponen abandonar los estereotipos.

13-05-2009 /  Lejos de los estigmas que pesan sobre los jóvenes, los enfoques alternativos apelan a la capacidad,
el compromiso y la transformación. Cuando no todo es divino tesoro, tribus urbanas o ciberpibes. Nuevos abordajes en el trabajo educativo con adolescentes.

Por Esteban Kraizer

- ¿Cómo creés que la sociedad ve a los adolescentes? –le preguntó Veintitrés a Juan Pablo, de 16 años.

–La mayoría de los adultos piensan que somos todos iguales, como lo que muestra la tele. Que no tenemos ideales, que sólo nos importa joder con la compu, que ser joven es lo mismo que ser flogger y que no podemos hacer nada productivo –respondió el muchacho sin vacilar.


Adolescencia proviene de adolescer, de aquello que duele. El término connota sufrimiento, crisis, patología o disfuncionalidad. La mayoría de las definiciones tiene connotaciones negativas o peyorativas. Por ejemplo: “No son niños ni son adultos, se constituyen en la confrontación, son vulnerables, atraviesan un período de crisis y transición”. El psicoanálisis, la educación y la sociología han intentado comprender un momento de la vida del que, al menos, debe hablarse en plural.

“Que somos todos iguales...” “Existen muchos modos de transitar la adolescencia, pero hay cosas que nos ocurren a todos por igual y que se relacionan con una reestructuración de lo que fue definido hasta ese momento: reapropiación de las construcciones subjetivas, nuevos marcos para pensar la propia vida y un fuerte deseo y posibilidad de emancipación de las figuras parentales, de la autoridad”, explica la pedagoga Débora Kantor, autora del libro Variaciones para educar adolescentes y jóvenes.

“Que no tenemos ideales...” En la era de la tecnología y las comunicaciones masivas, la televisión y el mercado insisten en vender una adolescencia superficial, dócil a los consumos y a las modas y carente de valores y proyectos colectivos. Mientras las marcas de celulares compiten por proponer mejores y más completos modelos, las tiras juveniles de la televisión sólo dan lugar a discutir sobre estética y a renovar la vieja trifulca entre los buenos y los lindos. Según propone Kantor, antes de criticar habría que preguntarse qué se busca a través de esos estímulos: “Los pibes encuentran lugares, materiales y simbólicos, de pertenencia. No justifico a los mercados que se lanzan brutalmente a la conquista de ese segmento, pero no todos los consumos son absolutamente pasivos; también hay resignificaciones e intentos y lugares de instrucción, de reconocerse y ser reconocido en algo”.

Desde distintas esferas de la función pública y de la sociedad civil se promueven espacios alternativos y valiosos para los adolescentes. En la ciudad de Buenos Aires funciona el programa “Club de Jóvenes”, que nuclea a pibes de entre 14 y 18 años de diferentes barrios –sobre todo de zona sur–, estimulando momentos de encuentro y uso productivo del tiempo libre. Su coordinador general, Ramiro González Gainza, aporta una mirada distinta sobre la juventud de hoy: “A los pibes los mueven y afectan muchas cosas que tensionan a la sociedad actual, como la incertidumbre y el no poder acceder a mercancías que se les proponen indispensables para ser sujetos. Pero también los mueven sentimientos de compromiso, de solidaridad, de amistad, como a muchos de los chicos de Cromañón que murieron intentando rescatar a otros jóvenes”.

“Que sólo nos importa joder con la compu...” Hay una marca generacional indiscutible relacionada con el uso de las tecnologías. Según explica el sociólogo Marcelo Urresti, investigador del Instituto Gino Germani, “esta generación es parte de una experiencia tecnologizada que la generación anterior no tuvo”. Telefonía, redes sociales digitales, pantallas planas, juegos electrónicos inalámbricos y la informática, que se impone con más fuerza que paciencia. Para González Gainza, los espacios educativos deben incorporar ese lenguaje a sus funcionalidades: “La tecnología es una forma de alfabetización moderna y los pibes deberían acceder a ella como un bien cultural de esta era”.

“Que ser joven es lo mismo que ser flogger...” Junto a los cambios de usos, costumbres, consumos e identificaciones, la opinión pública no se cansa de hablar de las denominadas “nuevas tribus urbanas”, mote que los especialistas intentan relativizar. “El tema pasa más que nada por el mercado. Y la tele es muchas veces funcional. En realidad los pibes que están en las tribus urbanas no son eso, van cambiando, variando y circulando”, explica el psicoanalista Juan Carlos Volnovich, quien acaba de publicar un artículo denominado, justamente, “Las nuevas figuras de la tribu”. Desde el análisis social, Urresti agrega una mirada similar: “La tribu urbana es un fenómeno menor, pero es visible y eso vende bien. Los adolescentes ‘normales’ responden más a la moda, y la tribu es una forma de contramoda, de oponerse a una expresión mayoritaria. Tenemos que evitar la tentación de catalogar o al menos saber qué es lo mayoritario y qué es lo minoritario”.

“Y que no podemos hacer nada productivo.” Lejos están los chicos desaparecidos en la Noche de los Lápices o los que cayeron combatiendo en Malvinas. Quizás en esta era los modelos sean otros y los tránsitos de la adolescencia asuman nuevas formas. Pero es importante quitarse los prejuicios, abandonar la tentación del estereotipo y brindar/se la oportunidad de ver a los adolescentes como sujetos transformadores, y no responsables sino víctimas de la sociedad que los adultos les dejaron. “El gran desafío para aquellos que trabajamos con adolescentes y jóvenes es interrogarnos continuamente sobre nuestras propias prácticas y analizar en qué lugares nos paramos, generando dispositivos donde los pibes sean sujetos de derecho y no objetos, y proponiendo espacios para el desarrollo de sus potencialidades”, sugiere González Gainza.

Desde una visión ligada a la educación mediante proyectos participativos, Kantor remata: “Es importante el lugar que ocupamos los adultos responsables de los procesos de aprendizaje, y esa responsabilidad incluye enseñar prácticas, generar climas y contar con dispositivos que permitan que los pibes se hagan progresivamente cada vez más cargo de sus decisiones, de sus actividades y de las opciones que toman”.

–¿Qué les dirías a los que piensan eso sobre los adolescentes? –repreguntó Veintitrés.
Juan Pablo tampoco vaciló en esta respuesta:

–Que se saquen de encima la culpa que les da dejarnos el mundo tal cual está, así nos empiezan a mirar con más confianza y menos vergüenza.